"El Principito".

El principito es un famoso cuento en el que un aviador que ha tenido una avería en el desierto se encuentra con una niño que vive en un pequeño planeta. El principito le pregunta si los corderos se comen los arbustos, y el aviador le contesta que sí...
A partir de aquí lo que sigue es la versión original de Saint-Exupéry, tal como la escribió el autor después de un terrible accidente de aviación en el desierto, y por lo tanto está contada en primera persona por el aviador, que obviamente es un personaje basado en el propio autor....
Entonces -dijo el principito -, ¿los corderos también se comen los baobabs?
Le hice notar al principito que los baobabs no son arbustos, sino árboles tan grandes como iglesias, y que aunque llevara a su planeta todo un rebaño de elefantes no serían suficientes para comerse un solo baobab.
La idea del rebaño de elefantes hizo reír al principito.
--Habría que ponerlos unos sobre otros... -Y luego añadió--:
Antes de crecer, los baobabs son muy pequeños.
-Cierto -dije-, pero ¿por qué quieres que los corderos se coman a los pequeños baobabs?
En su planeta, me explicó el principito, había como en todos los planetas, hierbas buenas y hierbas malas. Y, por tanto, semillas buenas de unas y semillas malas de otras.
Pero las semillas son invisibles, duermen en el secreto de la tierra, hasta que un día una tiene la ocurrencia de despertarse.
Entonces se estira y crece hacia el sol una encantadora ramita inofensiva.
Si se trata de una ramita de rábano o rosal, se la puede dejar crecer.
Pero si es una hierba mala, hay que arrancarla enseguida.
En el planeta del principito había semillas terribles, semillas de baobab.
El suelo del planeta estaba lleno de ella. Y así un baobab se se arranca en cuanto aparece, luego no hay manera de deshacerse de él.
Invade todo el planeta y lo perfora con sus raíces.
Y si el planeta es muy pequeño y los baobabs son muy numerosos, lo hacen estallar.
--Es una cuestión de disciplina -decía el principito.
Cuando por la mañana termina uno de hacer su aseo personal, hay que hacer también el aseo del planeta.
Hay que arrancar los baobabs en cuanto se los distingue de los rosales, a los que se parecen mucho cuando son pequeños.
Es un trabajo fastidioso pero muy fácil.

Antoine de Saint-Exupéry.